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domingo, 4 de abril de 2010

Ahora han conocido que todo lo que me has dado procede de ti

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Juan 17
 1 [Este capítulo (Juan 17) junto con Juan 14 son los dos grandes capítulos de la Biblia para describir la esperanza verdadera y las buenas nuevas verdaderas que Jesús vino a predicar.]
    Jesús habló de estas cosas, y levantando los ojos al cielo, dijo: "Padre, la hora ha llegado. Glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti,
 2 así como le diste autoridad sobre todo hombre, para que dé vida eterna a todos los que le has dado.
 3 Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tú has enviado.
 4 Yo te he glorificado en la tierra, habiendo acabado la obra que me has dado que hiciera.
 5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú en tu misma presencia, con la gloria que yo tenía en tu presencia antes que existiera el mundo.
 6 "He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste. Tuyos eran, y me los diste; y han guardado tu palabra.
 7 Ahora han conocido que todo lo que me has dado procede de ti;
 8 porque les he dado las palabras que me diste, y ellos las recibieron; y conocieron verdaderamente que provengo de ti, y creyeron que tú me enviaste.
 "Yo ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que me has dado; porque tuyos son  10 Todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío; y he sido glorificado en ellos.
 11 Ya no estoy más en el mundo; pero ellos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, guárdalos en tu nombre que me has dado, para que sean una cosa, así como nosotros lo somos.
 12 Cuando yo estaba con ellos, yo los guardaba en tu nombre que me has dado. Y los cuidé, y ninguno de ellos se perdió excepto el hijo de perdición, para que se cumpliese la Escritura.
 13 Pero ahora voy a ti y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo completo en sí mismos.
 14 "Yo les he dado tu palabra, y el mundo los aborreció; porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
 15 No ruego que los quites del mundo,1 sino que los guardes del maligno.
 16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
 17 Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad.
 18 Así como tú me enviaste al mundo, también yo los he enviado al mundo.
 19 Por ellos yo me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.2
 20 "Pero no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por medio de la palabra [enseñanzas] de ellos;
 21 para que todos sean una cosa, así como tú, oh Padre, en mí y yo en ti, que también ellos lo sean en nosotros;3 para que el mundo crea que tú me enviaste.
 22 Yo les he dado la gloria que tú me has dado, para que sean una cosa, así como también nosotros somos una cosa.
 23 Yo en ellos4 y tú en mí, para que sean perfectamente unidos; para que el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado, como también a mí me has amado.
 24 "Padre, quiero que donde yo esté,5 también estén conmigo aquellos que me has dado, para que vean mi gloria que me has dado, porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. [Esto se aplica a todos sus discípulos, ahora y entonces; se refiere a ser trasladados hacia el reino de los cielos.]
 25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste.
 26 Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo daré a conocer todavía, para que el amor con que me has amado esté en ellos, y yo en ellos."6

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 Jesús está orando al Padre en la última cena, pidiéndole al Padre que hiciera que sus discípulos y todos los que creerían en él por causa de ellos (20) no fueran quitados del mundo sino que fueran protegidos del mal (15), para ser santificados (17), para ser hechos uno con el Padre y con Cristo (21), para estar unidos los unos con los otros, (21, 22), para ser perfectos como uno (23), para estar con Jesús en el cielo y ver su gloria (24), para recibir el amor dado a Jesús por el Padre (26), para tener a Jesús dentro de ellos. Así como Jesús es uno con el Padre, sus discípulos serán uno los unos con los otros, y uno con Cristo y el Padre (21), [menos que Dios pero con Dios].
 Para que todos sean una cosa, así como tú, oh Padre, en mí y yo en ti, que también ellos lo sean en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. Juan 17:21. Esta es la unión de los santos [inferiores pero alcanzando] con Cristo y con Dios.
 Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente unidos, Juan 17:23.
Estas promesas están más allá de la abilidad de la mayoría de los hombres para oír, entender, y creer; sin embargo aquí ellos son claramente solicitados por Jesús, y sabemos que todas las oraciones de Jesús son indudablemente garantizadas. Estas son las buenas nuevas que Jesús vino a predicar — la disponibilidad de la restauración del hombre a la imagen de Dios, perdida en el jardín; pero aún más allá de eso — a la unión con Dios, trasladados al Reino del cielo dentro de ellos y alrededor de ellos, mientras todavía están vivos en la tierra.
 El amor con que me has amado esté en ellos, y yo en ellos. El mismo amor que el Padre le otorgó a Jesús, es dado a su verdaderos seguidores, y Jesús también estaría en ellos. Dios es amor. Nosotros sabemos que él le ha dado una cantidad infinita de amor a Jesús; ahora Jesús le pide al Padre que haga lo mismo con sus seguidores verdaderos. Esta es al prueba de que uno es un verdadero seguidor de Jesús:
Y Pablo nos dijo que el amor era el don más grande de todos.
Estas son las promesas de unión con Cristo y el Padre, unión con todos los otros discípulos, y estar en el cielo mientras todavia estamos vivos — tener comunión en el Espíritu con el Padre, el Hijo, y otros santos que fueron santificados en el pasado. Una vez que usted se agarra de las promesas verdaderas, la esperanza verdadera, el evangelio verdadero — entonces todas las escrituras comenzarán a tener sentido, sin tener que desechar las exclusiones o los requerimientos de limpieza, pureza, perfección, y santidad.
¿Y cómo se cumplen estas promesas? ¿Cómo puede uno ser limpiado del pecado? ¿Cómo es purificado el corazón? ¿Cómo se puede llegar a ser capaz de estar unidos con el santo, puro y perfecto Jesús como parte integral de su cuerpo bajo control de la cabeza? Bienaventurados son los que oyen la palabra de Dios [desde el interior] y la guarda, Lucas 11:28; al ser obedientes a la palabra de verdad que oímos. Al esperar a Dios, humildemente, esperando en silencio cualquier cosa que él desee enseñar o mandar. Al escuchar. Al caminar en conformidad a los mandamientos recibidos de él. Haga esto y usted será limpiado de todo pecado por la sangre de Jesús, su corazón será purificado por la fe, su alma será purificada por la obediencia a la palabra de la verdad. La fe es oír la palabra de Dios pronunciada dentro de usted, y creer que es pronunciada por Dios, y obedecer los mandamientos que usted ha oído. Busque, escuche, obedezca...busque, escuche, obedezca...busque, escuche, obedezca.
Juan describe este proceso de purificación en 1 Juan: Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado. 1 Juan 1:7.
Juan, en los siguientes versículos, explica cómo la sangre de Cristo nos purifica a todos del pecado. Él dijo:
             Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. (Comenzamos como pecadores, antes de ser limpiados.)
             Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.
             Pero si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. 1 Juan 1:8-10

             Cuando usted examina estos versículos en lugar de los versículos que vienen antes y después de los tres recién citados, este es el significado:
             Con fe en el nombre de Jesús, nosotros vamos a la Luz (Jesús) para escuchar y observar silenciosamente, esperando la purificación por su sangre y su gracia.
             Si andamos diciendo que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, no tenemos humildad, y n obtenemos ayuda, la verdad no está en nosotros.
             Si cuando él (la Luz) nos muestra nuestros pecados y los confesamos, él nos perdonará y nos purificará.
             Pero, si cuando él (la Luz) nos muestra nuestros pecados, y si decimos que no tenemos el pecado que él nos ha mostrado,
             pensando que Él no es la Verdad, pensando que el que oímos es un mentiroso, entonces no nos hemos arrepentido de nuestros pecados;
             y Su palabra no es plantada en nuestro corazón, para que pueda controlarnos en el futuro. Así, hemos rechazado a Cristo.
             Pero si aceptamos su convicción [confesamos y nos arrepentimos] y a Él [la Palabra o Luz] como la Verdad, su palabra permanece en nuestro corazón para guardarnos del pecado.
             Así es como aceptamos y "recibimos" a Cristo. Creemos que la Luz que nos muestra nuestros pecados es Cristo.
             Nosotros creemos en Jesús en el interior, la Luz verdadera, que ilumina a cada hombre que viene al mundo. Juan 1:9

Juan, en los versos siguiente, continúa: Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis.
             Y si alguno peca, abogado tenemos delante del Padre, a Jesucristo el justo.
             Él es la expiación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

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